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lunes, 8 de mayo de 2017

Santos Laguna: gol 1,700 en torneos de liga; 1,500 en temporadas regulares

Goles para la estadística los anotados el domingo 7 de mayo 2017*




Durante el partido con el que Santos Laguna cerró su participación en temporada regular del torneo Clausura 2017, se dieron dos datos significativos.
Por principio de cuentas, el gol con el que Jonathan Rodríguez acortó distancia ante Toluca, fue el número 1,500 en temporada regular.
Por otro lado, el gol con el que Santos Laguna logró el empate, que a la postre lo ubicó en la 5a. posición en la tabla, fue el número 1,700 del conjunto lagunero en torneos de liga.
De esta manera, Santos Laguna alcanza los 1,700 goles en 1,142 partidos disputados. Lo anterior da un promedio de 1.489 goles por partido disputado.
Como dato curioso; los goles 1,500, 1,600 y 1,700 se han conseguido en el estadio Corona, cada dos años (2013, 2015 y 2017), los tres durante el partido correspondiente a la jornada 17 del torneo clausura, y los tres encuentros han terminado con empate a dos goles.
A continuación, la tabla de goles históricos de Santos Laguna en torneos de liga.

20170507 Históricos
20170507 Goles

* En colaboración con Alberto Ruiz

domingo, 12 de marzo de 2017

Charla sobre árbitros y la vida misma

Diálogos con Tadeo – Capítulo IV


Eduardo Brizio
Tras algunos meses de no verlo, recibí llamada de mi buen amigo Tadeo, el seguidor incansable de programas deportivos y redes sociales, citándome a la botana sabatina.

—Ya que no habrá futbol esta semana, hay que vernos cuando menos para platicar – fue su invitación.

Lo noté molesto. Quedamos en vernos en el bar de costumbre a las 2 PM, tras finalizar el programa radiofónico en el que participo cada sábado.

Al arribar al bar, pensé en un principio que Tadeo aun no llegaba, ya que encontré vacías las mesas pegadas a la puerta, en las que mi amigo suele instalarse. Cuando me disponía a preguntar por Tadeo a Amarildo, el barman – realmente se llama Fulgencio, fue bautizado como Amarildo por el camello Murra, uno de los asiduos parroquianos, tras su regreso a la barra luego de convalecer de una hepatitis que lo atacó hará cosa de unos seis años –, lo vi sentado, sorpresivamente, en una escondida mesa junto a un rincón. Su semblante era una mezcla de tristeza y enojo, por lo que lo saludé diciéndole:

—¿Y tú qué chingados traes ahora, Tadeo?

—¿Por qué, o qué? — fue su retadora respuesta.

—Pues traes cara de perro regañado, cabrón. Hasta al rincón te mandaron.

—Ando encabronado. ¿Cómo quieres que ande?

—Cada quien anda como puede, güey – fue mi respuesta –.

Me senté a la vez que avisté a “Arturín”, un simpático mesero a quién grité en tono enérgico.

—Mijo, tienes seco a este cabrón – refiriéndome a Tadeo –. ¿Ya no lo quieres, o qué?

—Llegó mentando madres – respondió –, que lo atienda su mamá. Me le acerco y capaz que me suelta una mordida.

—Tráele un tanque – ordené –, y otro para mí. Si te quiere morder, de aquí le jalo el bozal.
Tadeo quería reir, mas su semblante no dejaba de reflejar molestia. Continué cuestionándolo:

—Y a todo esto. ¿Qué fue lo que te hizo encabronar?

—Ya sabes lo que sucedió ayer. Pinches árbitros nos dejaron sin futbol este fin de semana. Eso me tiene encabronado… Y tú también deberías estarlo, en lugar de defender al aire a esos cabrones. Te escuché, en el programa.

—¡Bájele de güevos y no ande manoteando, muchacho! – lo corté en seco –. De entrada, no nos dejaron sin futbol. Mira – señalé el televisor que se encuentra montado en una de las paredes del bar – : en la tele hay liga española. Mañana habrá futbol español, italiano, holandés, alemán…

—Me interesa el nuestro, mi chavo… el mexicano. Anoche ni mi caguama me pude tomar porque no pasaron el partido.

—Me hubieras invitado – respondí –, y nos la hubiéramos tomado platicando de otras cosas. Pero dime: ¿Tú crees que los árbitros son los culpables de que esta jornada no haya futbol?

—¡A HUEVO! – gritó – Ahora resulta que ellos son quienes quieren ordenar qué sanción merece cada jugador. ¡Que no jodan!

Edgardo Codesal, Antonio R. Márquez y Arturo Brizio
Arturín, quien en ese preciso instante nos servía nuestros tanques de cerveza bien helada y la botana correspondientes, interrumpió:

—¡Éytale! No ladre. Llévalo a vacunar, compa... – me dijo, al tiempo que, esbozando una socarrona sonrisa, anotaba el importe de lo que nos había despachado en el cartoncillo ubicado en el servilletero del centro de la mesa.

—Ya ves. No te encabrones, que asustas a Arturín – quien en ese momento se retiraba –. Pero bueno, volviendo a los árbitros. Ellos no están pidiendo sanción a su antojo. Sólo quieren que se aplique el reglamento. A dos de ellos los golpearon, y la sanción correspondiente, la que indica el reglamento, es de un año. ¿Es mucho pedir?

—Pero si no les pasó nada…

—Ah. ¿Tiene que correr sangre, o sacar chipote, para que se dicte una sanción así? Si alguien te dispara y no atina el balazo, ¿es atenuante?

—Pero ellos se lo ganan, por ser tan prepotentes, además de malos y tendenciosos.

—Mira, Tadeo. Son como los profesores de la escuela. Hay de todo. Algunos lo son por vocación; otros, porque fue de lo que encontraron trabajo; otros más, para desahogar sus complejos. Sin embargo, nos guste o no, son la autoridad dentro del terreno de juego. El hacerlos ver como simples instrumentos, simples patiños, cuyas decisiones pueden ser revocadas en la mesa, los hace a un lado. Si no les van a respetar la autoridad con la que los reglamentos los facultan, vayamos jugando sin árbitros, como en el barrio. ¿Son prepotentes? Algunos sí lo son. ¿Son malos? Desgraciadamente, lo son en su mayoría. ¿Por qué, si son tan malitos, siguen actuando? Tengo mi teoría. En un momento te la diré. Y de que son tendenciosos: no creo que lo sean por iniciativa propia, sino que son víctimas de las circunstancias.

—A ver, explícate. Si con tan malos los árbitros mexicanos, ¿por qué son ellos los que pitan?, ¿no hay otros mejores?

—No dudo ni tantito que haya otros árbitros mejores…

—Entonces, ¿por qué no los contratan a ellos?

—Es un tema muy interesante, Tadeo. En este momento, nos damos cuenta de que la tan cacareada “profesionalización” del arbitraje mexicano es un intento completamente fallido…

—¿Eso qué tiene que ver?

—Vámonos hacia atrás, Tadeo. ¿Recuerdas a los árbitros de antaño?

—Si. La mayoría unos ruquitos pelones y bofos…

—Pues esos ruquitos pelones y bofos, de los que hablas, imponían respeto a los jugadores. Algo que estos cuates no saben hacer… Hablo de que el respeto no se adquiere así porque sí, sino que se gana.

—Entonces, ¿por qué ya no hay árbitros como ellos?

—Regreso a lo mismo. Vamos uniendo las piezas mientras le damos en su madre al chamorro que viene llegando – comenté mientras Arturín colocaba al centro de la mesa el rico manjar, acompañado de tortillas, salsa y limones.

—Y tráete otros dos tanques más – complementó Tadeo, ya un poco menos crispado.

—¡Ándele! ¿Qué le cuesta hablar como la gente decente? – reviró Arturín mientras se alejaba, divertido.

Tras una pausa, en la que procedimos a separar la carne del hueso de aquel delicioso chamorro adobado, para posteriormente colocarla en nuestra respectiva tortilla, agregarle una cucharada de salsa y exprimirle encima una mitad de limón, Tadeo retomó el hilo de la charla:

—Une las piezas, pues…

Bonifacio Núñez
—Fíjate bien. Regresemos a los árbitros de aquellas épocas. Efectivamente, su aspecto físico no era el de los actuales. Eran silbantes que no imponían por su complexión, sino por su personalidad. Aquí, antes de que repliques, quiero que te vayas al contexto de aquellos días. Aquellos árbitros no vivían del arbitraje. Cobraban por ejercer con el silbato, es cierto, pero el arbitraje no era su principal actividad. Ejemplos te voy a dar unos cuantos, por si no lo sabes o no lo recuerdas. Mario Rubio, Teniente Coronel en el Ejército Mexicano; Arturo Brizio, Abogado; Eduardo Brizio, Veterinario; Bonifacio Núñez, Vendedor de vehículos; Armando Archundia, Abogado y Economista; el mismo Edgardo Codesal, tan cuestionado, Médico. Y otros más que no recuerdo su profesión principal, pero eran personas a las que los jugadores veían con sumo respeto: Marcel Pérez Guevara, Marco Antonio Dorantes, Antonio R. Márquez…

—¿Y los actuales?

—Los silbantes actuales, para poder actuar, deben dedicarse única y exclusivamente al arbitraje.

—Pues eso está bien. Si se dedican a una sola cosa, no se distraen.

—Tu apreciación sería correcta, si en los hechos, los nazarenos tuvieran un contrato fijo, que por dedicarse al arbitraje se les resolviera la situación económica. Pero sabemos que no es así. Un árbitro actual cobra a destajo. Es decir, si es programado para actuar, esa semana recibe dinero. Si no es programado, no gana. Y encima de todo, no le es permitido tener una actividad adicional para asegurar su sustento. ¿Te parece correcto?

—Claro que si – manoteó Tadeo muy convencido –, que piten los mejores. A los otros, si no les parece, que dejen de arbitrear y se dediquen a otra cosa.

—A ver, Tadeo. Tú que te la pasas escuchando cuanto programa deportivo sale al aire, seguro en más de una ocasión has escuchado cuando a equis o ye árbitro no lo han programado para pitar después de haber recibido inconformidad contra él de parte de cierto equipo, cierto director técnico o cierto directivo. Nos damos cuenta que la preocupación con la que sale el árbitro al terreno de juego no es principalmente la de procurar justicia, sino la de quedar bien con los dueños del espectáculo, para asegurar seguir recibiendo dinero. Por lo mismo nos parecen tendenciosos. No hay árbitro que no se equivoque. Agrégale que ahora sus equivocaciones son magnificadas por la tecnología, por ex árbitros que los ponen “bajo la lupa” señalando a toro pasado qué debió marcar. Entonces la preocupación de los árbitros ante la duda es que, si se han de equivocar, deben hacerlo a favor del equipo poderoso, del equipo mediático, del equipo que más presiona en la Liga. Porque sabemos que, para rematar, cuando se presiona mediáticamente, quien preside la comisión de arbitraje, muy diplomáticamente, decide suspender al silbante cuestionado hasta que el asunto se enfríe. Y en lo que se enfría, el silbante cuestionado deja de llevar el pan a la mesa de su familia.

—¿Seguro que es así? – preguntó Tadeo mientras el tamaño de sus ojos parecía abarcar una mayor proporción de su rostro.

—Recuerda tanta noticia que escuchas cotidianamente y, como te decía anteriormente, arma el rompecabezas.

—Son chingaderas… con razón.

—Y, para terminar de responder otra pregunta que me formulaste hace unos momentos: seguro que hay elementos con mayores facultades para actuar como árbitros. No lo son porque no aceptan las actuales condiciones de trabajo de quienes así ejercen. Aquellos árbitros ruquitos, pelones y bofos, no vivían del arbitraje. Por eso hacían su chamba. No tenían la presión de quedarse sin dinero si se equivocaban. No quiero decir que les valía madre, pero en este aspecto no tenían el estrés que tienen los nazarenos actuales.

—Son chingaderas, entonces – exclamó Tadeo, mientras yo levantaba la mano para pedir la cuenta.

—Hay otro elemento que lo agrava todo – proseguí –. Te decía que los árbitros son buenos, regulares y malos, como los profesores. De la misma manera que sucede con los profesores, que en muchos casos pasaron de ser una autoridad en muchas ocasiones incuestionable a meras ventanillas que, durante un período, se dedican a desahogar el trámite de “enseñanza/aprendizaje” de los alumnos, para finalmente otorgar calificaciones aprobatorias, independientemente del desempeño; finalmente, el alumno paga… y como “el que paga, manda”, el profesor es ahora subordinado y, en muchas ocasiones, hasta rehén del alumno. Así sucede con muchos jugadores, que vienen de estratos sociales, económicos y culturales muy bajos. Al volverse profesionales y ganar cantidades de dinero que en su vida imaginaron, se sienten poderosos, intocables… y no van a permitir que un pobre muerto de hambre con un silbato les imponga autoridad alguna. De ahí deriva que estos divos lleguen ahora al extremo de no sólo insultar de palabra, sino de gesticular, encarar y, como vimos hace unos días, golpear a los árbitros. Total: el jugador se siente protegido por sus directivos, mientras que el árbitro no lo está.

—¡Mmmmtamadre! Y yo que pensé en algún momento probar suerte como árbitro – dijo tristemente Tadeo.

—Pues anímate, cabrón. Seguramente pronto estarán contratando.

—¡NEL! ¡Ni madre! – respondió Tadeo mientras entregamos a Arturín el importe de la cuenta, así como su bien merecida propina.

Dimos el último sorbo a nuestro respectivo tanque, prometimos no dejar pasar tanto tiempo para volver a reunirnos, y enfilamos rumbo a la puerta. A medio camino escuché la voz de Arturín, quien me gritó:

—Hasta luego, Macías. Y qué bueno que pudiste domesticar al perro ese…


—¡Chinga tu madre! Respondió Tadeo mientras cruzaba la puerta que da a la calle, entre risas de Arturín, Amarildo y una gran proporción de parroquianos…. Incluyéndome.

Peña Futbolera Patachueca – Programa 3

Participación en la Peña Futbolera de Patachueca.



El pasado martes 7 de marzo 2017 tuve el honor de participar como panelista en la tercera emisión de la Peña Futbolera de Patachueca. Estuve junto a Chuy Aranzábal, Lupe Rubio, Wagner de Souza, Alberto Ruiz y Carlos Arturo Zavaleta. Charlamos de varios tópicos de actualidad de nuestro futbol.

La Peña Futbolera se celebra todos los martes en punto de las 20:00 hrs. en el restaurante méxico-español Patachueca. Blvd. Independencia 123 Ote. Local 3. Durante la Peña, se ofrecen tacos al 2 X 1, y la cubeta con seis cervezas en $125*





* Promoción vigente a la fecha de publicación de esta entrada. Precios y promociones pueden variar.

viernes, 3 de marzo de 2017

Faena de Enrique Ponce a la antitaurina Silvia Barquero

Enrique Ponce se encierra y sale en volandas.



Enrique Ponce, fuera del ruedo, soportó las embestidas de la presidenta del Partido Animalista —no se ría, así se llama— quien lo quiso pillar. El Maestro hizo gala de sus habilidades y, citando, templando y mandando, realizó una faena espectacular, culminada con un tremendo volapié. Disfruten.




Gabriel Quadri, inteligente defensa de la Fiesta Brava

Machetazo a caballo de espadas, por parte de Gabriel Quadri


Gabriel Quadri


Vaya sorpresa que se llevó la mujer que organizó hace algunos meses un sainete en la Plaza de Toros México, al inicio de una de las novilladas de esta temporada. Pensó llevar agua a su molino entrevistando a Gabriel Quadri, pensando sumar adeptos a su "causa", pero... ¡tómala!

Contundentes argumentos que dejaron muda a esta ignota y sesgada "activista".









sábado, 4 de febrero de 2017

Corrida de toros y súper tazón

De aficiones y esnobismos.



Fin de semana en el que se cruzan algunos eventos que nos atañen a los aficionados a deportes y/o espectáculos. Por un lado, domingo de súper tazón; día en el que una gran cantidad de personas hacen de dicho evento una ocasión para reunirse, convivir, combeber, o simplemente salir de la rutina. Para algunos aficionados de toda la vida al deporte de las tackleadas, es la culminación de un año para el que se prepararon mentalmente, disfrutaron de los partidos, los analizaron y, aunque no juegue su equipo favorito en el domingo final, disfrutan del encuentro de la misma manera en que los aficionados al futbol observamos la final del campeonato mexicano, de la Champions League, o del Mundial: para ser testigos de la historia, y prepararse para un ayuno de varios meses, hasta que, por allá del mes de agosto, el ovoide vuelva a ser acarreado por los emparrillados. Por otro lado, están los snobs, quienes, en estas fechas, al grito de #TodosSomosExpertosEnNFL se las dan de conocedores: opinan, recitan cifras que escucharon en los programas deportivos nocturnos, deciden que no se pueden perder el evento de moda; algunos compran el jersey del equipo al que decidieron apoyar en el año actual, acrecentando su colección ya que, en años anteriores, compraron el jersey de los contendientes de aquellos períodos. También existen los combebientes, que confiesan importarles una pura y dos con sal dicho partido, quién gane, qué suceda; para ellos, el evento es la ocasión o el pretexto idóneo para organizar la carne asada, con su respectiva pisteadera, como lo es en mayo y diciembre la final del torneo de liga, en octubre la Serie Mundial; también pueden tomar como pretexto la entrega del Oscar, el Miss Universo o lo que sea; ellos organizan o se cuelan al evento al grito de “va a haber cheve, pos vamos”.

En mi caso, confieso que observo, cuando no hay algo que me parezca más interesante, algunos partidos de la NFL; pero mañana no será la ocasión. En mi caso, el evento a observar será la Corrida de Aniversario de la Plaza de Toros México. Desde hoy estaré siendo testigo de la despedida del Maestro Eulalio López “Zotoluco”, quien alternará en mano a mano con otro Maestro, el valenciano Enrique Ponce. Mañana, acompañado de mis amigos taurófilos, estaremos observando a Morante de la Puebla, “El Juli” y Luis David Adame pelearse las palmas del respetable. El fin de semana estaba que ni pintado para disfrutar de varios eventos: sábado por la tarde para observar la corrida y, por la noche, el encuentro entre Guadalajara y Santos Laguna; y domingo de toros. La visita del conjunto argentino de Boca Jrs., dio en la torre a la programación perfecta, ya que, por la reprogramación del encuentro de liga, debido a la visita del conjunto bostero, se empalmarán el encuentro balompédico con la corrida. Al ser mi hogar la sede de nuestra peña taurina, el partido de mis adorados guerreros será visto de reojo al celular, y en Mute; digo, para Santos Laguna, como declaró en la semana Chepo de la Torre, es un partido más, mientras que el cartel que veremos en el embudo de Insurgentes, y la compañía convocada, no se observa cada semana.

Todo lo anterior lo comentaba anoche en una reunión de antiguos compañeros. La mayoría de ellos, aunque se dieron por aludidos al expresar mi disertación sobre la audiencia tazonera, expresaron su respeto a las opiniones ajenas; no faltó quien sacó sus complejos expresando: “tu pinche corridita no le quitará nada de gente al americano”. “Ya le quitó diez, que somos quienes estaremos en mi casa observando la corrida”, respondí.

Quien sí se pasó de tueste fue una compañera que, minutos antes, se quejaba de lo caro que le sale llevar cada semana a su perrito al spa para mascotas. Se despidió de mí, ya que no pudo evitarme al cruzar la puerta del restaurante al que acudimos; no sin antes espetarme mi – para ella – salvajismo, sadismo y crueldad al apoyar “ese deporte tan salvaje con los pobres animales”. No pude evitar responderle: “Más salvaje es valorar y atender a un animal por encima de un ser humano: las cantidades de dinero que gastas en tu mascota podrían acabar con el hambre de una familia de seres humanos de escasos recursos. Finalmente, la naturaleza del hombre es la supervivencia, la del toro es luchar a muerte; la naturaleza de los perros no es como haces vivir al tuyo: estar encerrados en casas y bañarse con shampoo de burbujitas. Comer y vestir sí es parte de la naturaleza de toda persona. Entonces, ¿quién está actuando contra natura?”. El resto de la comitiva sonrió, mientras ella se retiró mascullando. No escuché exactamente qué decía, pero por el tono, sé que eran improperios hacia mi persona.

“Se la pasó despotricando contra Donald Trump y los gringos en general, pero dijo que está más que lista para ver el superbowl”, y que hasta le compró su jersey de Tom Brady a su perrito. Comentó otra compañera, divertida.


“Si fuera congruente: Adiós, superbowl; hola, corrida”, remató otro compañero, divertido, mientras se rompía el huddle y enfilamos cada quien, a nuestros respectivos hogares.

sábado, 31 de diciembre de 2016

¿Cuánto lleva conseguir la 5a. Estrella?


En días anteriores, la mitad de Monterrey estuvo de fiesta. El motivo era de sobra justificado: sus queridos Tigres, que un año antes habían alcanzado en cantidad de títulos del máximo circuito conseguidos a su mayor rival, Monterrey, ahora lo han rebasado; de paso han conseguido igualar con cinco campeonatos a Santos Laguna, que desde 2008 reinaba en el norte del país como el conjunto más laureado.
Si bien es cierto que el conjunto universitario de Nuevo León ha conseguido la misma cantidad de títulos que Santos Laguna, es necesario analizar cuánto tiempo le llevó a cada conjunto llegar a dicha cantidad de títulos. Lo anterior nos da una perspectiva diferente al respecto. 
En la actualidad son nueve los clubes que han logrado acumular cinco campeonatos o más en la máxima categoría del balompié mexicano.
Si bien América es el conjunto con mayor cantidad de títulos conseguidos, con 12, llegar a conquistar su quinto campeonato le llevó 43 torneos de liga. A Guadalajara, que a la fecha tiene once campeonatos, le llevó solamente 19 torneos llegar a recolectar cinco títulos.
Toluca, que a la fecha suma diez glorias, requirió de 51 participaciones para alzarse con su 5o. campeonato; mientras que a Cruz Azul, que se ha estancado en ocho títulos, es el conjunto que ha llegado relativamente más pronto a conquistar la gloria por quinta ocasión; al haberlo conseguido en once participaciones.
León y la U.N.A.M. han conseguido siete títulos cada uno; aunque el cuadro esmeralda consiguió su quinto campeonato en 47 torneos, mientras que a los felinos del Pedregal les tomó 53 campeonatos.
Pachuca, que a la fecha tiene seis títulos, tardó solamente 28 torneos en conquistar su quinta estrella. 
Santos Laguna y la U.A.N.L. se encuentran a partir de el pasado domingo empatados en cinco títulos. El conjunto lagunero logró conseguir su estrella número 5 en 46 campeonatos, mientras que los de San Nicolás de los Garza lo hicieron hasta su participación número 62.
A continuación la tabla desglosada:
20161231-tabla
Se cuenta el número de campeonatos a partir del primer torneo disputado por cada equipo en la máxima categoría del futbol mexicano.
En los casos de Pachuca, León y U.A.N.L. no se cuentan para estos efectos los torneos que disputaron en la división de ascenso cuando han descendido. En caso de ser así, a Pachuca le habría tomado 53 torneos; a León, 50 y a la U.A.N.L., 64.
Las conclusiones particulares dependen del punto de vista de cada aficionado.